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martes, marzo 29, 2011

Entre el misticismo y la religiosidad: Olga Orozco, Héctor Viel Temperley y Marosa di Giorgio (Parte II)

Un momento místico con Olga Orozco

Tú hiciste que la luz fuera visible[1]

         Olga Orozco (Toay, Argentina, 1920-1999), perteneció a la generación surrealista Tercera Vanguardia, de la que también formó parte Oliverio Girondo. En su creación poética nos adentramos en múltiples imágenes que recuperan momentos mágicos, el poder de su memoria traslada nuestras emociones en un recorrido por la “casa”, su casa, que se convierte en nuestra casa, como lo señala la propia autora en Alrededor de la creación poética: “la memoria es una actualidad de mil caras, […] el pasado ha estampado sus huellas infantiles en los muros agrietados del porvenir”  y es así que se van tejiendo sus recuerdos desde un yo lírico que extiende su mirada hacia adentro, en las profundidades de una mente que revive el pasado de su infancia.

         Saúl Yurkievich describe la obra de Olga Orozco como “una poética de orientación surrealista, adicta al ejercicio de la imaginación sin ataduras”, además añade que “practica esta poética del subconsciente, opera con el flujo errático de la conciencia, con los poderes innatos a la facultad imaginante, única potencia capaz de captar el mensaje libidinal”, a lo que se añadiría que esa imaginación es en retrospectiva, pues, aunque en “La cartomancia” ve el futuro, éste se encuentra terriblemente arraigado en el pasado, ya la misma poeta sentenciaría: “la palabra secreta, capaz de crear un mundo o de devolver éste a sus orígenes, no se manifiesta a través de ninguna aproximación”.

         Aunque se pudieran escribir miles de páginas tratando de ahondar en las inmediaciones de esta gran poeta argentina, sólo un pequeñísimo aspecto trataremos de dilucidar en esta oportunidad, el cual se trata de ese momento en que lo místico se apodera de su poesía, ese camino en búsqueda de la perfección, esa participación de la vida divina a la que sólo unos cuantos han podido alcanzar.

         En el poema “En la brisa, un momento” podemos ubicar ese ascenso en el que la voz poética va encontrando la manera de comunicarse con su amado que ya murió, tal como lo menciona María Zambrano: “la idea primera que del amor se crea, es ya mística […] el amor carnal, el amor entre los sexos, ha vivido “culturalmente” es decir, en su expresión, bajo la idea del Amor platónico que es ya mística”, unas líneas más adelante continúa diciendo “El amor por quien se propaga la vida… Este es, creemos, el fundamento de toda mística: que el amor que nace en la carne (todo amor “primero” es carnal) tiene, para lograrse, que desprenderse de la vida, tiene también que convertirse”, es este amor el que le permite al yo lírico inmerso en este poema  comunicarse con el amado ausente:
Aún nos queda el amor:
esa doble moneda para poder pasar a uno y otro lado.
Haz que gire la piedra, que te traiga de nuevo la marea,
aunque sea un instante, nada más que un instante.

         Y esta conversión la obtiene a través del lenguaje, no de la lengua articulada, va descubriendo la creación de su propio lenguaje, lo que ocurre después de una contemplación profunda de su casa vacía, ya sin la presencia de su compañero, comienza a percatarse de que aún continúa ahí:
Juguemos a que estamos perdidos otra vez entre los
                             [laberintos de un jardín.
Encuéntrame, amor mío, en tu tiempo presente.
Mírame para hoy con tus ojos de miel, de chispas y de claro tabaco.
Sé que a veces de pronto me presencias desde todas partes.
Tal vez poses tu mano lentamente como  esta lluvia sobre mí cabeza

Poco a poco descubre ese nuevo lenguaje con el que se están comunicando, no lo había notado, sin embargo:
y he oído en el pan que cruje a solas el pequeño rumor con que me nombras,
tiernamente, en secreto con tu nuevo lenguaje.
Lo aprenderé, por más que todo sea un desvarío de lugares hambrientos,
Una forma inconclusa del deseo, una alucinación de la nostalgia.

En los primeros versos de este poema se reflexiona sobre la pérdida:
Y me pregunto ahora cómo hacer para mirar de nuevo una torcaza,

Prosiguen sus reflexiones sobre sus sentimientos ante la ausencia del hombre que ama:
Pero acá sólo encuentro en mitad de mi pecho
esta desgarradura insoportable cuyos bordes se entreabren
y muestran arrasados todos los escenarios donde tú eres el rey

Cuando logra superar su “ceguez” debido a que el dolor que la acompaña no le permite observar, llega a un estado de lucidez, a través del cual le es posible ver más allá de los objetos que la rodean y así logra comunicarle a su amado sus deseos:
yo te reclamo ahora en nombre de tu sol y de tu muerte una sola señal,
precisa, inconfundible, fulminante, como el golpe de gracia que parte en dos el muro
y descubre un jardín donde somos posibles todavía,
apenas un instante, nada más que un instante,
tú y yo juntos, debajo de aquel árbol,
copiados por la brisa de un momento cualquiera de la eternidad.

 Hablando sobre la posibilidad que tienen los poetas cuando logran encontrar las palabras precisas, Olga Orozco escribió:
El que se interna amparado por la lucidez, como por el resplandor de una lámpara, no ejercita sus ojos y no ve más allá de cuanto abarca el reducido haz luminoso que posee y transporta. 

         Sólo aquél que logra desprenderse del mundo cotidiano, logra detenerse un momento y tiene la posibilidad de comenzar a descubrir esas otras voces que se esconden en los lugares comunes de todos los días. La voz poética de Olga Orozco logró detener su tiempo, decirle adiós a la memoria y concentrarse en los objetos a su alrededor, y justamente ahí encontró la manera de comunicarse con su amado muerto.


[1] Olga Orozco

lunes, marzo 28, 2011

Entre el misticismo y la religiosidad: Olga Orozco, Héctor Viel Temperley y Marosa di Giorgio (Parte I)

¡Oh cristalina fuente
si en esos tus semblantes plateados
formases de repente
los ojos deseados
que tengo en mis entrañas dibujados![1]

En los recovecos de su imaginación el ser humano ha dado explicaciones mágicas a los sucesos que no puede entender fácilmente, de ahí el surgimiento de mitos y leyendas, los cuales en casos muy específicos y bajo ciertas circunstancias han desembocado en religiones milenarias. Sería muy extenso discurrir al respecto, lo que interesa indagar en este espacio es ese momento en el cual el poeta, durante su creación artística, puede llegar a tales manifestaciones que pudieran considerarse místicas o religiosas.

En una Enciclopedia consultamos la definición de misticismo el cual es definido como:
el estado del que se entrega a la vida contemplativa, a su vez es una doctrina que proclama la comunicación inmediata entre el hombre y la divinidad por medio de la visión intuitiva o el éxtasis, para llegar al cual hay que desprenderse de lo sensible y de lo racional. El misticismo aparece en todas las religiones a través de la historia: el taoísmo en China, el yoga, en la India, el sufismo en el Islam, la cábala entre los judíos, etc.; en Occidente inspiró el neoplatonismo de Plotino, y ejerció gran influencia en el cristianismo medieval a través de San Agustín y San Dionisio Aeropagita; grandes figuras de la mística medieval fueron San Bernardo, Hugo de San Víctor y San Francisco de Asís; en los siglos XIV y XV descollaron: Meister Eckhart, Heinrich Seuse, Jan van Ruysbroeck, Johann Tauler, Santa Catalina de Siena y Tomás de Kempis; en el siglo XVI llega al apogeo con los místicos españoles, entre los cuales florecieron dos de las más altas figuras de las letras castellanas: San Juan de la Cruz y Santa Teresa de Jesús.

María Zambrano realiza un análisis de lo expuesto por el filósofo Platón para explicar cómo desde antes de la cultura griega surge la mística, la cual, aunque no es entendida como tal:
Era la idea que en la metempsicosis aparecía desde antiguo y que a Platón le llegara de los Misterios y del orfismo. Platón no hace nada más -¡nada más!- que fundamentarla, que encontrarle un fundamento racional.

Zambrano dice que Platón expresa que “la naturaleza del alma humana, pues, está precisamente en su parentesco con lo que es divino, inmortal y eterno”, ya que “el que contempla se hace semejante al objeto de su contemplación”, por lo tanto, concluye:
Lo que Platón hace, en realidad es teología y mística; teología en cuanto que piensa o intenta pensar con la razón lo divino. Mística, en cuanto que nos ofrece el camino para convertirnos en ello.

Por su parte, Octavio Paz en El arco y la lira presenta una comparación entre el mundo poético y el religioso, los cuales nacen de “la sensación de estar ante lo sobrenatural es el punto de partida de toda experiencia religiosa”. Además indica que “los místicos y poetas se asombran ante algo que pone en tela de juicio su realidad, la identidad de su ser mismo”.

Lo citado anteriormente lo consideramos fundamental para la exploración de los poemas “En la brisa un momento” de Olga Orozco, “Hospital británico” de Héctor Viel Temperley y “Poemas” de Marosa di Giorgio, en los cuales conviven una serie de elementos que nos llevan a creer en lo que expresara Paz: “Religión y poesía tienden a realizar de una vez y para siempre esa posibilidad de ser que somos y que constituye nuestra manera propia de ser (…) Poesía y religión son revelación”. Las cuales quedan fundidas al calor de la creación poética en estos autores, nos hacen ver algo más allá, desde lo profundo de las voces que van marcando los ritmos, pausas, silencios, perdemos la brújula en sus éxtasis, los cuales nacieron del dolor en el caso de Olga Orozco y Héctor Viel Temperley y del asombro o reconocimiento de un mundo que habita dentro de la vida cotidiana, como se ve en el texto seleccionado de Marosa di Giorgio.

Mañana se expondrá la parte que corresponde a Olga Orozco y así.


[1] San Juan de la Cruz, citado por María Zambrano en Filosofía y poesía.

martes, marzo 08, 2011

Imaginando su muerte: Manuel Gutiérrez Nájera y Luis Cernuda

El poeta se basta con hacer poesía,
para existir; es la forma más pura de
realización de la esencia humana
María Zambrano

La muerte es un misterio ancestral, la cual ha sido abordada desde diferentes perspectivas: religiosa, filosófica, científica, literaria, etc. En un sentido general podríamos definirla como el término de la vida o el final de una existencia. Hay muchas causas que provocan la muerte (incluso se ha dicho que algunas personas están como “muertas en vida”), existen otras tantas formas de ocasionar la muerte, incluso ha sido el tema principal de innumerables obras, en incontables autores, entre los cuales podemos mencionar, sólo por citar algunos a William Shakespeare y Juan Rulfo.

A través del transcurso de los siglos se ha hablado, escrito, opinado, temido e incluso adorado (no olvidemos que existen grupos que tienen culto por la que denominan “santa muerte”); sin embargo, y para el beneplácito general han quedado algunos registros desde los albores de la humanidad. Ya los griegos incluían este tema en sus obras, en una perspectiva completamente diferente a como la vemos hoy en día.

En nuestro caso, nos detendremos en analizar algunas similitudes que encontramos en los poemas Para entonces (1887) del mexicano Manuel Gutiérrez Nájera (1859-1895); y en el poema V de Donde habite el olvido (1932-1933) del español Luis Cernuda (1904-1963). Aunque nos enfocaremos en una exploración más detenida en el poema del escritor mexicano.

Manuel Gutiérrez Nájera es considerado el precursor del modernismo en la literatura en Hispanoamérica, sólo que hasta después de su muerte fue recopilada su obra y reconocidos sus aportes. Por su parte, Luis Cernuda nació en Sevilla, España, y fue un integrante de lo que se denomina la “Generación del ‘27”; la cual estuvo compuesta de excelentes poetas entre los que destacaron Federico García Lorca y Vicente Aleixandre, quienes retomaron algunas de las ideas del romanticismo de Bécquer en medio de la división política de su país y crearon algunos de los más bellos poemas en la lengua española.

En Gutiérrez Nájera y Cernuda la voz poética imagina la manera en que les gustaría que llegara su muerte. Más allá de que ambos poemas están compuestos de cuatro estrofas con cuatro versos cada una, (en el caso de Cernuda tenemos que la última estrofa tiene cinco versos), se puede observar que ambos inician sus poemas con el verbo querer en primera persona de presente de indicativo: Quiero.

Como un dato interesante, se sabe que ambos poetas tuvieron en alguna parte de sus existencias la influencia o, mejor dicho, leyeron la obra de Gustavo Adolfo Bécquer (1836-1870, España), a quien se considera uno de  los exponentes fundamentales del romanticismo en la lengua española, quien escribió en su poema LXIX:
Al brillar un relámpago nacemos,
y aun dura su fragor cuando morimos,
            ¡Tan corto es el vivir!

La gloria y el amor tras que corremos
sombras de un sueño son que perseguimos
            ¡Despertar es morir!

En este pequeño poema se habla de lo poco que dura la vida humana, la cual es comparada con la duración de un relámpago, y en ese lapso tan corto de tiempo corremos tras la gloria y el amor, que son vistos como sombras de un sueño. La palabra sueño es recurrente en estos tres autores cuando hablan de morir. En ellos morir es como dormir.

Los 16 versos que conforman el poema Para entonces son endecasílabos, además poseen una rima consonante, por su parte Cernuda utiliza el verso libre.

En el poema Para entonces Gutiérrez Nájera escribe:
QUIERO MORIR cuando decline el día,
en alta mar y con la cara al cielo;
donde parezca sueño la agonía,
y el alma, un ave que remonta el vuelo.

En esta primer estrofa el poeta manifiesta que le gustaría terminar sus días al atardecer, en el mar y en una posición que le haga parecer que está durmiendo, por el contrario el poeta español escribe en el V:
Quiero, con afán soñoliento,
Gozar de la muerte más leve
Entre bosques y mares de escarcha,
Hecho aire que pasa y no sabe.

Aquí la voz poética desea disfrutar de su muerte, al igual que el poeta mexicano quiere que cuando eso ocurra sea tan despacio y lentamente para no sentirla.

En la estrofa de Gutiérrez Nájera se “siente” una suavidad en el movimiento implícito que genera la evocación de las olas del mar, porque al estar en “alta mar con la cara al cielo”, nos encontramos ante un hombre acostado sobre el agua, flotando... como descansado el cuerpo sobre el agua. En la primer estrofa de Cernuda el movimiento se presenta en el aire, en los bosques, como algo etéreo.

En el último verso de esta primera estrofa encontramos una alusión religiosa justo del momento en que fallecería, sólo que en el poema de Gutiérrez Nájera dice “y el alma, un ave que remonta el vuelo”, por su parte, Cernuda expresa la misma idea, sólo que sin la connotación religiosa, al decir “hecho aire que pasa y no sabe”[.

         Aunque la idea de suicidio ronda en ambos poetas, el autor mexicano prefiere que ocurra durante su juventud: “Morir, y joven”, cabe mencionar que falleció a la temprana edad de 36 años. El poeta español desearía que fuera por sus manos, “mientras siento las venas que se enfrían”, lo que nos refiere a desangrarse.

         A lo largo del poema del escritor mexicano encontramos alusiones a la naturaleza, el uso de la metáfora comparando el momento del último suspiro con el sol cuando se pierde en el horizonte marino es muy bello:
Y ser como ese sol que lento expira:
Algo muy luminoso que se pierde.

         El ímpetu inicial en Para entonces, poco a poco va cediendo, cuando comienza a expresar cómo serían sus instantes finales las pausas imprimen un tono dramático, por ejemplo, con el juego en los diferentes usos fonéticos de la letra “r” en el verso “sus áureas redes de la onda verde", al referirse al momento en que la luz va desapareciendo de la superficie del mar, otro caso es el empleo de las comas, las cuales al separar al sustantivo de su adjetivo y verbo crean un arrastre que provocan cierta nostalgia: “Morir cuando la luz, triste, retira”.

PARA ENTONCES
V
          QUIERO MORIR cuando decline el día,
             en alta mar y con la cara al cielo;
             donde parezca sueño la agonía,
             y el alma, un ave que remonta el vuelo.
  
b        No escuchar en los últimos instantes,
               ya con el cielo y con el mar a solas,
             más voces ni plegarias sollozantes
            que el majestuoso tumbo de las olas.

         Morir cuando la luz, triste, retira
         sus áureas redes de la onda verde,
         y ser como ese sol que lento expira:
         algo muy luminoso que se pierde.

         Morir, y joven: antes que destruya
         el tiempo aleve la gentil corona;
         cuando la vida dice aún: soy tuya
         aunque sepamos bien que nos traiciona!
1887
Quiero, con afán soñoliento,
Gozar de la muerte más leve
Entre bosques y mares de escarcha,
Hecho aire que pasa y no sabe.

Quiero la muerte entre mis manos,
Fruto tan ceniciento y rápido,
Igual al cuerno frágil
De la luz cuando nace en el invierno.

Quiero beber al fin su lejana amargura;
Quiero escuchar su sueño con rumor de arpa
Mientras siento que las venas que se enfrían,
Porque la frialdad tan sólo me consuela.

Voy a morir de un deseo,
Si un deseo sutil vale la muerte;
A vivir sin mí mismo de un deseo,
Sin despertar, sin acordarme,
Allá en la luna perdido entre su frío.

domingo, marzo 06, 2011

Octavio Paz: erotismo gramático

El erotismo es la dimensión humana

de la sexualidad, aquello que la

imaginación añade a la naturaleza

Octavio Paz (México, 1914-1998), Premio Cervantes 1981 y Premio Nóbel de Literatura 1990, en su vasta obra comparte en sus múltiples ensayos y poemas sus reflexiones acerca de muy diversos temas. En El mono gramático nos lleva a recorrer el camino de Galta, que él mismo recorriera en alguno de sus viajes a la India, sólo que en esta ocasión, a través de su voz poética se nos presenta como una serie de explosiones visuales que expone a través de un erotismo gramático.

Pareciera que vamos caminando a su lado, él se convierte en nuestro guía, nos comparte su asombro por lo que va contemplando, cómo lo visualiza y nos lleva a disfrutar del exótico paisaje que nos va deslumbrando, sorprendiéndonos a cada paso, perdiéndonos entre esa maleza que ya nos rodea:

"Cuando caminaba por el sendero de Galta, ya lejos de la carretera, una vez pasado el paraje de los banianos y los charcos de agua podrida, traspuesto el Portal en ruinas, al penetrar en la plazuela rodeada de casas desmoronadas, precisamente al comenzar la caminata, tampoco sabía adónde iba ni me preocupaba saberlo."

Este es el inicio de un largo y sinuoso camino que vamos conociendo de la mano de una de las mejores plumas que ha tenido nuestro país; la voz poética de Paz en este libro se atreve a alterar las “reglas” de la poesía al escribir un poema en forma de prosa o al escribir en prosa un texto poético.

Al primer contacto con el texto pareciera un montón de palabras que salieron de la mente del poeta y fueron escritas sin ton ni son, “se sienten” como una explosión de imágenes que van sucediéndose sin orden aparente; pero no es así, en ese aparente desorden se va formando un engranaje perfecto en el que la voz de Paz resuena jugando con las palabras que nos recrean, como tomas fotográficas en un libro de historia universal, sin embargo, en este texto poseen algo más, lo que sólo la poesía puede otorgar y que nos deslumbran porque poseen eso mismo que señalara el propio Octavio Paz en “La llama doble”: La poesía nos hace tocar lo impalpable y escuchar la marea del silencio cubriendo un paisaje devastado por el insomnio.

Ante un paisaje tan inmenso nos ubicamos, son tan impresionantes sus definiciones que casi se pudiera decir que podemos palpar, oler y escuchar esas:

"Manchas: malezas. Rodeado, preso entre líneas, los lazos y trazos de las lianas. El ojo perdido en la profusión de sendas que se cruzan en todos sentidos entre árboles y follajes. Malezas: hilos que se enredan, madejas de enigmas. Enramadas verdi-negras, matorrales ígneos o flavos, macizos trémulos: la vegetación asume una apariencia irreal, casi incorpórea, como si fuese una mera configuración de sombras y luces sobre un muro. Pero es impenetrable."

Los “hilos que se enredan”, “las sombras y luces” que son “impenetrables” forman un conjunto que llama “enramada”, pero al ser descritas con esta sensualidad tan pura, pareciera que las palabras que elige la voz poética en Paz van destejiendo, muy suavemente, como si realizara una traducción de aquello que tiene al ojo encantado. En otro momento en La llama doble señala que: “la poesía traza un puente entre el ver y el creer. Por ese puente la imaginación cobra cuerpo y los cuerpos se vuelven imágenes” . Las imágenes que se van formando, inevitablemente se encuentran cargadas de un erotismo implícito en el lenguaje, el mismo Paz nos dice que “La relación entre erotismo y poesía es tal que puede decirse, sin afectación, que el primero es una poética corporal y que la segunda es una erótica verbal” , así lo expresa el poeta, más adelante continúa diciendo que “la poesía erotiza al lenguaje y al mundo porque ella misma, en su modo de operación, es ya erotismo” . Ese erotismo que se encuentra en su forma más pura en el acto sexual del ser humano, también lo podemos “sentir” al mirar a través de sus ojos la exuberancia del paisaje que deslumbra en esas palabras tan cargadas de sensualidad, poseyendo una suavidad exclusiva de eso que está viendo:

"no es el árbol que digo que veo sino la sensación que siento al sentir que lo veo en el momento en que voy a decir que lo veo, una congregación insubstancial pero real de vibraciones de sonidos y sentidos que al combinarse dibujan una configuración de una presencia verde-bronceada-negra-leñosa-hojosa-sonoro-silenciosa."

Ezra Pound indica que una “imagen” presenta un complejo intelectual y emotivo en un instante temporal, por lo que pensamos que pueden ser toda una serie de emociones vividas en un momento determinado, que a través de una voz poética que logre plasmarlas en un papel logran eternizarse, y al compartirse, emocionan a aquellos que lo lean. Ese pequeño instante se convierte en frases, párrafos e incluso libros como El mono gramático el cual nos va sensibilizando con el manejo de frases, algunas ocasiones cortas, en otras largas que son utilizadas de tal manera que otorgan un cierto ritmo y cadencia a la lectura, que asemeja en ocasiones cadencias de un acto sexual, ese encuentro en que se funden dos cuerpos por instantes que parecen eternos.

Las imágenes se van sucediendo como una vigorosa catarata sin fin, provocan que cada objeto o paisaje observado sea una “cosa única”, cuya presencia va sobresaliendo entre todas las demás; en un texto de Víctor Shklovski (Rusia, 1893-1984) menciona que:

"la imagen no es un predicado constante para sujetos variables. Su finalidad no es la de acercar a nuestra comprensión la significación que ella contiene, sino la de crear una percepción particular del objeto, para crear su visión y no su reconocimiento. El arte erótico nos permite la mejor observación de las funciones de la imagen. El objeto erótico se presenta frecuentemente como una cosa jamás vista."

Ya hemos señalado que nos parece erótico el lenguaje que emplea la voz poética de Paz, sin embargo, en nuestros tiempos al erotismo se le llega a reducir a sólo sexo, al menos, considero que no es sólo sexo. Es algo más, mucho más. El filósofo griego Platón en el diálogo de “Symposio o el banquete” discurre sobre Eros, el dios del que proviene la palabra erotismo: “Eros es un poeta tan entendido que convierte en poeta al que quiere; y esto sucede aun cuando sea uno extraño a las Musas” , Patrick Süskind en su libro Sobre el amor y la muerte resalta el hecho de que en ese mismo diálogo de Platón, uno de los participantes, el médico Eryximacos considera que el dios Eros es “un principio armonizador fundamental, por decirlo así, una constante física que trae orden al mundo”.

Un mundo que cada vez va perdiendo la sensibilidad de verse, de tocarse, de sentirse, pero a pesar de eso, aún quedan algunos huecos en los que todavía se conserva la esperanza, como lo señala María Zambrano: “La poesía es encuentro, don, hallazgo por gracia” , en poetas como Octavio Paz, los cuales realizan hallazgos que logra transmitir en una forma inusual, convirtiéndolos en algo más elevado, como ya lo mencionamos, la poesía erotiza al lenguaje, y una vez erotizado, nos dice algo más de lo que nombra, en el caso de Paz, como lo indica el Dr. José Javier Villarreal :

"La producción poética de Paz brinda al lector y al escucha un registro amplísimo de lo que ha venido a ser la expresión lírica no sólo en Occidente, sino también en Oriente. Su diálogo lo ha llevado a enfrentarse a obras de todos los tiempos"

En El mono gramático, como en otros tantos libros de Octavio Paz, nos comparte sus hallazgos, sus visiones del mundo, su forma de entender y comprender lo que acontece a su alrededor, a la vez que, como el gran poeta que es, experimenta, se atreve a realizar con el lenguaje esfuerzos que nos llevan a recorrer tras él esos caminos repletos de maleza, sin embargo, sus lectores tenemos una ventaja, el poeta es el guía que nos muestra sus descubrimientos, con frases que fueron construidas después de un largo proceso.

Nosotros, sus lectores, disfrutamos sus descubrimientos, paladeando cada una de sus palabras, que en el caso de este libro, se encuentra tan lleno de olores verdes.

jueves, marzo 03, 2011

Aire, agua, fuego y tierra en la poesía de Ramón López Velarde

Toca al poeta nombrar esa energía,
aislarla y concentrarla en el poema[1]
En el mundo de la astrología los signos zodiacales se encuentran divididos en 4 elementos: aire, agua, fuego y tierra, los cuales, según estas creencias son determinantes en el desarrollo de la personalidad de los individuos. Más allá de la posible veracidad de todo este entramado astral y sus implicaciones en la vida de los seres humanos, sí se puede afirmar que a algunos de nosotros nos ha fascinado las concepciones astrológicas, tanto que en ocasiones, por cualquiera que sea la causa, leemos nuestro horóscopo, tenemos curiosidad por saber qué dice nuestra carta astral, entre otras series de indagaciones que podemos realizar a efecto de estar enterados sobre lo que los astros desean hacer con nuestras vidas.
En algunas obras poéticas también podemos encontrar algunos rasgos de esta fascinación – o curiosidad tal vez - , en la poesía del autor mexicano Ramón López Velarde (1888-1921), además de que sus poemas se encuentran inundados de un aire de fatídica melancolía, los cuales van siendo recreados al compás de una desesperanza que los impregna de una fuerza interior única, también encontramos estos elementos del mundo zodiacal.
En el ensayo “El camino de la pasión”, en el cual Octavio Paz habla sobre la obra poética de López Velarde expresa que:
Proclamar que el mundo es mágico quiere decir que los objetos y los seres están animados y que una misma energía mueve al hombre y a las cosas. Toca al poeta nombrar esa energía, aislarla y concentrarla en el poema.
En los poemas de López Velarde nos encontramos con los elementos en pleno movimiento, el agua se presenta como una lluvia constante; el aire tristemente dispersa las penas de la voz poética; el fuego palpita en diversas formas, mayormente con alegorías al mundo católico y la tierra es Jerez, el lugar donde nació el poeta en el estado de Zacatecas, México. En sus Primeras poesías (1905-1912) se vislumbra cierta inocencia o candor juvenil, impregnados de una resignada melancolía, pero insertos en un mundo alejado de las grandes ciudades, encontramos a sus amores que son siempre inaccesibles.
Los versos de estos primeros años le cantan, en su mayoría, a la mujer imposible, nos cuentan esa resignación que acepta lo que no puede cambiar, como lo dice en “Huérfano quedará...”
HUÉRFANO quedará mi corazón,
alma del alma, si te vas por ahí,
y para siempre lloraré por ti
enfermo de amorosa consunción
En esta pequeña estrofa se puede observar esa tristeza que encontramos a lo largo de la obra de López Velarde, lo cual logra con el uso de sustantivos, adjetivos y adverbios siempre apesadumbrados, sombríos, ya que, el zacatecano se encarga de acompañar a cada sustantivo con uno o varios adjetivos que van reforzando los sentimientos de cierta impotencia y resignación frente al amor que no se puede concretar.

El aire

Un viento frío y lóbrego recorre cada espacio en las atmósferas creadas en los versos de López Velarde; a este respecto, María Zambrano escribió cuando habla sobre la creación de los poetas dice que “De allí, que hable de divinidades misteriosas, de musas, que le poseen, de fuerzas que habitan en su interior como en cercado propio", y este mundo interior va envolviéndonos con ese aire frío, fúnebre que llena todos los espacios.
En los 4 libros de poemas que se conservan del autor zacatecano que llevan por nombres “Primeras poesías” (1905-1912), “La sangre devota” (1916), “Zozobra” (1919) y “El son del corazón” la evolución en el tratamiento de los elementos va cambiando, primero el aire sólo figura como un medio a través del cual se van dispersando sus sufrimientos o va divulgando su pesar, como en el poema “Suiza”: y en los aires se dispersan/de los pájaros los trinos.
En su segundo libro el aire se torna un vehículo para propagar el olor de las flores: “Esparcirán sus olores/las pudibundas violetas”, en los poemas de este libro, las imágenes que utiliza son mucho más completas, con una extraña contradicción, se sienten más frescas, pero a la vez siguen siendo tristes.
La realidad experimentada en la lectura de sus poemas en el libro “Zozobra”, precisamente en eso se convierte en una zozobra, una atmósfera cada vez más densa, pesada; los versos se van haciendo más extensos, la voz poética canta:
y te respiro como a un ambiente
frutal; como en la fiesta
del Corpus respiraba hasta embriagarme
la fruta del mercado de mi tierra.

El agua

En términos generales, podemos decir que los poemas de López Velarde son “húmedos”, en la mayoría de ellos la presencia del agua es una constante que se va extendiendo, aunque como observamos con el tratamiento del aire, va evolucionando con el paso de los años.
En sus primeros versos el agua aparece en las lágrimas, en ríos, a la tierra la convierte en fango, en los libros que siguieron el agua se convierte en sangre, y en ocasiones se encuentra en el fondo de “El viejo pozo” donde se reflejan sus recuerdos de la infancia, el agua va en un río que no tiene retorno, como los actos en su vida.
A través del uso de palabras acuáticas vamos “flotando”, conociendo el mundo neblinoso en el que vive, como podemos observar “En las tinieblas húmedas...”:
He aquí que en la impensada tiniebla de la muda
ciudad, eres un lampo ante las fauces lóbregas
de mi apetito; he aquí que en la húmeda tiniebla
de la lluvia, trasciendes a candor como un lino
recién lavado, y hueles, como él, a cosa casta;
he aquí que entre las sombras regando estás la esencia
del pañolín de lágrimas de alguna buena novia.

La voz poética se encuentra “inundada”, sus sufrimientos y desazones pueblan su mundo en el cual todo es como la lluvia que la merodea por doquier: “Fuera de mí, la lluvia, dentro de mí, el clamor”, este clamor se expresa con adjetivos siempre tristes, que califican una vida considerada nefasta, tan insatisfecha que, cuando retorna a su hogar:
HE VUELTO a media noche a mi casa, y un canto
como vena de agua que solloza, me acoge...

El fuego

El universo poético de Ramón López Velarde está repleto de alusiones religiosas, entre las cuales se va hilando los recuerdos en un encuentro con el mundo del seminario en el que vivió durante su infancia y parte de su juventud. Aunque pudiera considerarse como exagerado su fervor religioso, curiosamente en los últimos poemas que escribiera comienza a introducir elementos de la religión de Mahoma con ciertas menciones de la cultura de la India. De las diversas alusiones a los elementos que conforman el catolicismo se va conformando el contrario de la figura del fuego eterno de Dios.
El fuego en los poemas de López Velarde en sus primeros creaciones se menciona en los astros, como canta la voz del poeta:
Estrella y azahar: que te marchites
mecida en una paz celibataria
y que agonices como un lucero
que se extinguiese en el verdor de un prado
o como flor que se transfigurase
en el ocaso azul, como en un lecho.
El cauce de la fogosidad en el poeta zacatecano no es erótico, su fuego se extingue o se encuentra a punto de hacerlo. Su fuego no es la llama que ilumina su pasión, por el contrario, está a punto de acabarse. Los otros “fuegos” se encuentran distantes, son esas estrellas que conforman el zodíaco, que están tan lejanos como las mujeres en sus poemas. En el poema “A la traición de una hermosa” expresa:
y en tus ojos, con lumbre sobrehumana,
brillan las tres virtudes teologales
Este fuego en contadas ocasiones puede llegar a ser santo, en el poema “Pureza” exclama que: te consagro la sublime floración de mi cariño/porque brillas con fulgores de divina refulgencia, pero ese brillo solamente lo contempla, no está a su alcance.
La tierra
La tierra de López Velarde es Jerez, Zacatecas, el lugar donde nació y donde vivió hasta su juventud. Su tierra natal es “colorada” y en ella transcurrieron sus primeros amores y desamores, sin embargo, lejos de un amor que se desborde de felicidad por esa tierra en la que nació, la recrea en sus poemas como un lugar ideal, sí, pero triste, será el lugar al que le gustaría ir a morir, pero del que se convierte en el escenario donde ocurren sus tragedias y es el testigo mudo de sus incontables penas.
Hay algunos poemas que le dedica a sus paisanos a los que todavía viven en Jerez, tenemos “Jerezanas...” y “Del suelo nativo”, sólo por citar un par de ejemplos, además también dedica otro poema a “La bizarra capital de mi estado”, en los cuales nos presenta su visión de los lugares donde creció y que también están desprovistos de imágenes alegres, nos narran lo pintoresco del paisaje desde una perspectiva sin esperanza, con un toque de triste nostalgia, como en “El retorno maléfico”:
MEJOR será no regresar al pueblo,
Al edén subvertido que se calla
En la mutilación de la metralla.
En “Tierra mojada...” se realiza la fusión del mundo acuático en el que va nadando la voz poética con la tierra que añora el poeta:
Tarde mojada, de hálitos labriegos,
en la cual reconozco estar hecho de barro,
porque en sus llantos veraniegos,
bajo el auspicio de la media luz,
el alma se licua sobre los clavos
de su cruz...
En esta estrofa se puede apreciar el sincretismo del mundo que rodea al poeta, encontramos todos los elementos que conforman su logos poético: el agua, (tarde mojada, llantos veraniegos), el aire (hálitos labriegos), el fuego (media luz) y la tierra como la base que se conjuga con los demás elementos obsequiándonos una imagen perfecta de toda su tristeza e infelicidad.



[1] Octavio Paz. Cuadrivio, p. 82.

miércoles, febrero 09, 2011

El agua como espejo: el juego de reflejos en Muerte sin fin de José Gorostiza

La poesía, al penetrar en la palabra, la
descompone, la abre como un capullo
a todos los matices de la significación
José Gorostiza (1901-1973) en su poema Muerte sin fin (1939) va construyendo un entramado –en principio confuso- en su mayoría con versos endecasílabos el cual es narrado desde un yo lírico quien desde el inicio exclama:
LLENO de mí, sitiado en mi epidermis
por un dios inasible que me ahoga
Este es el comienzo de un tortuoso camino para el lector, que poco a poco descubrirá que con un vocabulario sencillo se van construyendo una serie de complejas imágenes que lo van a envolver lentamente en un mundo acuático:
Lleno de mí –ahito- me descubro
en la imagen atónita del agua
En el primer reflejo que se avizora en este poema, la voz poética del autor mexicano se descubre a sí misma en su propio reflejo en el agua, pero ya desde aquí y hasta el final del poema, comenzamos a “sentir” que esa humedad nos acompañará en todo el recorrido. La voz poética en este primer acercamiento nos describe al agua en movimiento:
Que tan sólo es un tumbo inmarcesible,
Un desplome de ángeles caídos
A la delicia intacta de su peso,
Sin embargo, aún no lo sabemos, pero no estamos ante agua en libertad, como lo sería el mar o el agua producto de la lluvia lo que le interesa mostrarnos, no, lo que sorprende a la voz poética es lo que le va dando forma a esa agua:
Por el rigor del vaso que la aclara,
el agua toma forma
Este es su descubrimiento, sabemos que el agua existe en múltiples presentaciones (vapor, hielo, líquido), pero lo sorprendente en este caso en particular, además del agua en sí, es el envase en el que se encuentra. Esa agua en movimiento se está vaciando en un vaso. María Zambrano en Filosofía y poesía dice que “el poeta, en su poema crea una unidad con la palabra, esas palabras que tratan de apresar lo más tenue, lo más alado, lo más distinto de cada cosa, de cada instante”, en José Gorostiza la voz poética se detuvo a contemplar un vaso de agua desde el momento en que es llenado, por lo que presenta su vaso de agua, el que es ya distinto de cualquier vaso y el agua en ese vaso:
En él asienta, ahonda y edifica,
cumple una edad amarga de silencios
[...]
en la red de cristal que la estrangula,
allí como en el agua de un espejo,
se reconoce;
atada allí, gota con gota
En su libro El agua y los sueños Gastón Bachelard dice que “La imaginación inventa algo más que cosas y dramas, inventa la vida nueva, inventa el espíritu nuevo; abre ojos que tienen nuevos tipos de visión”, en este poema, el agua habita ese vaso atada gota con gota, es en esta apertura, lo que hace que la voz poética de Gorostiza nos muestre una faceta diferente que “descubre” otra realidad del agua en un vaso, desde esta dimensión exploramos un análisis con elementos religiosos y en ocasiones hasta filosóficos. En algún momento del poema se realiza una comparación de la relación de Dios con el hombre, comparándolo con su vaso:
aunque se llama Dios,
no sea sino un vaso
que nos amolda el alma perdidiza,
Y aquí es donde vemos que arranca el juego donde quedamos ya inmiscuidos directamente en estas reflexiones; si al comienzo decíamos que era un yo el que narraba, ahora esa misma voz dice “nos amolda”, por lo que de pronto ya compartimos su “escenario”, pero ¿a quiénes amolda? creemos que a la voz que canta y al lector. Desde este momento y en adelante el poema utiliza frecuentemente ese pronombre, ya no podemos salir, casi sin percibirlo a través de ese “nos” ya somos parte de ese universo que se encuentra inmerso y a la vez contempla cómo emergen de un vaso de agua ideas que se van dispersando en distintos rumbos, lo que le otorga cierta independencia y nos ata a él por que:
Es un vaso de tiempo que nos iza
en sus azules botareles de aire
y nos pone su máscara grandiosa,
ay, tan perfecta,
que no difiere un rasgo de nosotros
Ya somos “nosotros”, los que caímos en un juego de espejos, estos espejos que tal vez reflejan nuestras ideas religiosas sobre Dios y sobre la situación del hombre ante Él, vemos:
Como un espejo del revés, opaco,
que al consultar la hondura de la imagen
le arrancara otro espejo por respuesta.
Mirad con qué pueril austeridad graciosa
distribuye los mundos en el caos,
los echa a andar acordes como autómatas
El vaso de agua se ha convertido ya en nuestro espejo y nos encontramos enfrente de él, y ese espejo a su vez nos refleja otra realidad, la que se desarrolla dentro del vaso de agua, vamos de reflejo en reflejo, pero ese reflejo no es el mismo para todos. Bachelard señala que “Imágenes tan grandes marcan para siempre el inconsciente que gusta de ellas y suscitan ensoñaciones sin fin”. Ante estas ensoñaciones nos enfrentamos, que se han convertido ya en nuestras, tan infinitas como el reflejo de un espejo en otro espejo, las cuales resultan de contemplarnos en ese vaso de agua, que nos devuelve nuestra propia imagen, sólo que ya transfigurada por otras vivencias.
Bachelard apunta además que “El agua hincha los gérmenes y hace surgir las fuentes. El agua es una materia que por todas partes vemos nacer y crecer”, sin embargo en Gorostiza, el agua está contenida en un vaso de agua, en este caso, los gérmenes que manan de él son los reflejos de nuestra existencia, al estar inmersos dentro de ese vaso bajo el agua ahí contenida, descubrimos que:
Mas nada ocurre, no, sólo este sueño
desorbitado
que se mira a sí mismo en plena marcha
En este vaso contemplamos una “muerte sin fin de una obstinada muerte”, en donde estamos frente a frente con nuestra realidad humana: la de una muerte inminente, que puede ocurrir en cualquier momento, lo cual provoca que la voz poética exclame:
¡oh inteligencia, soledad en llamas!
que lo consume todo hasta el silencio
Esta misma inteligencia (descubrimiento de la irremediable condición humana) en unos versos más adelante se transforma en: “¡oh inteligencia, páramo de espejos!”, al quedar expuesta ya por la voz poética de Gorostiza, la inteligencia se ha convertido en un lugar frío y desamparado lleno de espejos los cuales nos van mostrando sus crueles realidades.
Muerte sin fin es un poema muy extenso, en ocasiones agotante, que a pesar de su longitud y contundencia logra mantener una firme línea conductora; María Zambrano señala que “la unidad y la gracia que el poeta halla como fuente milagrosa en su camino, son regaladas, descubiertas de pronto y del todo, sin rutas preparatorias, sin pasos ni rodeos", en Gorostiza tenemos que esta unidad se logra gracias a los versos que va repitiendo a todo lo largo del poema, las mismas imágenes, las retoma en otro momento y las amplía, como el constante vaivén de las olas del mar, en un punto comienza con una imagen que va creciendo en el transcurso de los versos que la siguen, luego desciende, más adelante la retoma y vuelve a hacerla crecer, sólo que con otro sentido, cambiando un poco el imaginario, posteriormente desciende, y así sucesivamente.
Hay palabras que utiliza con frecuencia, por citar algunos ejemplos: rosa, azul, transparencia, por supuesto, vaso, agua, cristal, reflejo, espejo, muerte, vida, Dios, etc., como lo manifiesta Bachelard “la mano trabajadora e imperiosa aprende la dinamogenia esencial de lo real al trabajar una materia que a la vez resiste y cede como una carne amante y rebelde”. Las palabras encuentran en la mano de Gorostiza un poder que les permite ir penetrando todo lentamente; las palabras de todos los días después de ser tocadas por su voz poética son como esas gotas de agua que de una en una pueden llenar un vaso, estando ya todas juntas, el poeta al descubrirlas las distingue, se convierten en algo más que la descripción de un vaso de agua, son ahora un espejo, un espejo de palabras en el que nos podemos ver y al vernos, nos obliga a reflexionar sobre nuestra propia existencia.



La dinamogenia es el conjunto de movimientos motores, libres y enérgicos que manifiestan actividad, vida iniciativa y optimismo, consultado en http://www.grafoanalisis.com/nocion_inhibicion_dinamogenia.htm.
 

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