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lunes, junio 13, 2011

La universalidad en la poesía del Regiomontano universal: Alfonso Reyes

En la poesía encontramos al
hombre concreto, individual


En la antología poética que Gerardo Deniz realiza de la obra de Alfonso Reyes (1889-1959) nos permite tener una aproximación a una parte de los poemas que realizara a lo largo de su vida el “Regiomontano universal”. Una ventana inmensa nos permite observar la amplitud de los conocimientos que Reyes va distribuyendo en cada poema, ya que la temática que se va entretejiendo en estos versos parte desde un punto nostálgico, que se pasea por los dioses de la mitología griega, con algunos temas afines a la religión católica, con palabras no tan comunes en nuestro hablar cotidiano, con cierto acercamiento al mundo botánico, retoma a algunos clásicos de la literatura y lo que les proporciona esa sensación de acercamiento con el vulgo es ese humor con que salpica algunas frases, con alusiones a refranes, con expresiones coloquiales y en ciertas ocasiones hasta con el ritmo de las coplas populares mexicanas.

         Frente a esta “ventana inmensa” nos encontramos, en ocasiones nos abruma por tanta diversidad de conocimientos; esta ventana nos invita a  detenernos, porque para comprender los poemas de Reyes es necesario tener uno o varios diccionarios especializados a la mano. Esta obra nos muestra la riqueza de nuestra lengua, ya que como la voz poética nos dice en “Teoría prosaica”:
Guardo mejor la salud
alternando lo ramplón
con lo fino,

         Continuamos contemplando a través de esta ventana y – hasta donde nuestra ignorancia nos permite -  los muchos universos en los que vivió y sobre los que escribió Reyes. La alternancia en cada verso de una palabra “común” con otra palabra desconocida dificulta el entendimiento o interpretación de la idea, lo que ocasiona que en una primera lectura sea difícil apreciar las imágenes que con el debido conocimiento de todas las palabras del poema sería lo ideal, ya que como dice la voz poética de Reyes en “Mis amores”:
Parece que digo mucho,
Pero más es lo que callo.

         En efecto, es más lo que se calla, por que Reyes al encontrar la palabra exacta –aunque nosotros desconozcamos su significado-, cuando logramos averiguar lo que quiere decir, por fin podemos “ver” esa imagen, que a nuestros ignorantes ojos se ocultaba, como lo expresado en el poema “Al Abate J.M.G. de M.” :
Y huí, como del tifo exantemático,
Del trato chirle y del estilo enfático.

         En el Diccionario que se puede consultar por internet de la Real Academia Española el tifus exantemático es una infección tífica, epidémica, transmitida generalmente por el piojo, caracterizada por manchas punteadas en la piel, el significado de la palabra chirle es insípido. Como se puede observar en este caso, nuestro precario conocimiento se topó con otros muchos más.

La nostalgia abraza cada poema, en cada verso, en cada frase, nos encontramos frente a una añoranza de la infancia, los recuerdos que comparte sobre la convivencia que mantuvo con su padre y sus vivencias en Monterrey, su ciudad natal, los percibimos claramente en los poemas  “Los caballos”, el tan famoso “Sol de Monterrey”, “La vieja-lira” y “Recuerdo”, entre otros. En estos poemas el mundo infantil es el tópico. Las añoranzas sobre los recuerdos paternos son tan vívidos como tristes, en “Los caballos” recuerda que:
Mi padre, poeta a ratos,
y siempre poeta de acción,
cuidaba como Adán el nombre de las cosas:

Hay cierta musicalidad, con dejos de alegría en el ritmo que marcan los versos cuando se habla de las actividades infantiles como en “La vieja-lira”:
Risueño dios menor, modula el grillo
su historia de juglar; canta un romance
la cigarra gritona;
hay ratones amigos
que pueden visitarse en los tapancos:
muebles de buena fe, de grata compañía,
con los que hablar a solas,
y con razón llamaban “confidente”
al robusto sofá de seno blando.

A lo largo de esta antología son pocos los poemas amorosos. Sí se habla de la amistad y también de los sentimientos amorosos, pero la voz poética no lo hace de una manera apasionada; Reyes es reflexivo y en determinados momentos hasta con cierta picardía se refiere al amor, como en “Amor que aguantas...”:
Amor, me has puesto en un brete,
que ando ya en cuarenta y siete,
y hay que ser menos quimérico
a vistas del climatérico.

Reyes nos transporta a través de lo que representaba una de sus grandes pasiones: el mundo mitológico griego. Las alusiones a los dioses e historias de los antiguos griegos se pasean en toda su poesía, para los que no estamos iniciados en estos menesteres, nos perdemos en múltiples laberintos, ya que no nos fue posible proseguir la lectura sin realizar una investigación sobre cada nombre desconocido, que a su vez nos llevaba a indagar sobre otros personajes y así sucesivamente. Gracias a Reyes cabalgamos entre las extensas llanuras de los dioses, semidioses y demás personalidades que conforman el antiguo universo griego que se encuentra inmerso en sus poemas.

Alfonso Reyes utiliza en algunos poemas epígrafes en los cuales utiliza citas a los clásicos como Mallarmé, Quevedo, Arcipestre de Hita, Góngora, Rousseau, Lope de Vega representan sólo una ínfima muestra del amplio conocimiento del mundo literario en el cual se desenvolvía el autor.

Los poemas del Regiomontano universal son una compilación de conocimientos de la cultura occidental combinados con la sabiduría popular, los cuales, a pesar de lo complicado que resulta su lectura para los que no estamos inmersos en los vericuetos de la mitología griega o que desconocemos totalmente los términos de la botánica, estos poemas son inteligibles.


jueves, marzo 17, 2011

Los placeres prohibidos de Luis Cernuda

Vivimos con fantasmas y nosotros
mismos somos fantasmas
Octavio Paz

La voz poética de Luis Cernuda Bidón (Sevilla-Cd. de México, 1902-1963) en “Los placeres prohibidos” muestra una serie de fuertes imágenes en las que el amor es un sentimiento furioso y desmesurado:
Cómo el amor es lucha
Donde se muerden dos cuerpos iguales.
Quisiera saber por qué esta muerte

También en el amor encuentra el complemento perfecto para su vida:
Tú justificas mi existencia:
Si no te conozco, no he vivido;
Si muerto sin conocerte, no muero, porque no he vivido.
Si el hombre pudiera decir lo que ama

Aunque la perspectiva sea siempre trágica:
Pero así no me basta:
Más allá de la vida,
Quiero decírtelo con la muerte;
Más allá del amor,
Quiero decírtelo con el olvido.
                              Te quiero

Octavio Paz en su ensayo “La palabra edificante” en el cual trata sobre el libro de La realidad y el deseo de Cernuda menciona que:
La obra de Cernuda es una exploración de sí mismo; una orgullosa afirmación, al fin de cuentas no desprovista de humildad de su irreductible diferencia. Él mismo lo dijo: “Yo sólo he tratado, como todo hombre, de hallar mi verdad, la mía, que no será mejor ni peor que la de otros sino sólo diferente”.

El yo lírico de Cernuda se sienta a contemplar al hombre en el que habita: cómo vive sus emociones, cómo reacciona ante sus sentimientos, cómo experimenta el sufrir amando y amar sufriendo; en base a sus descubrimientos dice:
Veía mi cuerpo distante, tan extraño
Como yo mismo, allá en extraña hora
                                       Veía sentado

En otro poema explica:
He venido para ver la muerte
Y su graciosa red de cazar mariposas,
                               He venido para ver

El amor y la muerte en estos poemas de Cernuda van de la mano, tal como Paz lo señala en La llama doble:
El amor no vence a la muerte pero la integra en la vida. La muerte de la persona querida confirma nuestra condena: somos tiempo, nada dura y vivir es un continuo separarse; al mismo tiempo, en la muerte cesan el tiempo y la separación: regresamos a la indistinción del principio, a ese estado que entrevemos en la cópula carnal.

La voz poética de Cernuda nace desde lo más profundo e intenso de la sensibilidad humana, el palpitar de un órgano tempestuoso es retratado en cada poema. Sus imágenes nos impactan por la cruda sencillez con que logra congelar esos instantes tan íntimos y fugaces en los que el ser humano sufre por la imposibilidad de realizar ese amor que siente tan verdadero.

Los poemas de “Los placeres prohibidos” son un cuerpo formado por músculos, manos, pies, piernas, entrañas y por todo aquello que unifica y da razón de existencia a los sentimientos humanos, vistos desde adentro, en el centro mismo de su nacimiento.

sábado, marzo 12, 2011

Vivir entre dos mundos, apuntes generales a los sonetos de sor Juana Inés de la Cruz


La lectura de sor Juana debe hacerse frente

al silencio que rodea sus palabras
Octavio Paz

En los sonetos de sor Juana Inés de la Cruz nos enfrentamos en principio a un mundo que nos resulta extraño, muy diferente a lo que estamos acostumbrados a leer. Como regla general, sabemos que los sonetos están compuestos de endecasílabos con rimas perfectas; lo cual, ocurre en cada verso de esta poeta mexicana, sin embargo, es su manejo de las figuras retóricas lo que más cautiva, aunque de pronto parecieran intelegibles sus palabras; se convierte en necesario leer cada soneto varias veces, hasta que vamos encontrando la cadencia en cada verso, ese ritmo que los distingue, lo que los convierte en únicos. Y sí, cuando se llega a este punto ya podemos comenzar a disfrutar realmente del manejo de los opuestos, de los contrastes, por los cuales vamos emergiendo de la aparente confusión que creímos encontrar en la primera lectura y que ahora se nos manifiesta como todo un engranaje de palabras disímiles, que sólo en poesía son posibles de entretejer y nos regalan unas imágenes con el inconfundible sello de la “Décima musa”.

Sor Juana vivió durante el siglo XVII, en la Nueva España, que en esos años era un virreinato en América de lo que fuera el imperio español, y hoy en día le llamamos México. En esa época la lengua de ese imperio gozó de uno de sus niveles más altos, tenemos en las plumas de Góngora, Lope de Vega, Quevedo, y por supuesto, la misma sor Juana, entre otros, que escribieron en la lengua española excepcionales creaciones, dejando a la posteridad un rico acervo cultural en cada una de sus obras.

Nuestra poeta vivía en un claustro en el convento San Jerónimo en la ciudad de México, en el que podía disfrutar de sus libros, los que se convirtieron en amplios ventanales que le permitían estar al tanto del conocimiento que el hombre generaba del otro lado del mar, además, se le permitió participar de la vida de la corte virreinal. Octavio Paz menciona que:

"Las monjas de San Jerónimo, a semejanza de la mayoría de los conventos de Nueva España, llevaban “vida particular”, es decir, no observaban la regla de la vida en común: cada una vivía en su celda [...] los virreyes y sus acompañantes visitaban con frecuencia al convento y las monjas recibían a sus visitantes en el locutorio y aun en la sacristía, con el rostro descubierto. Se conversaba, se discutía, se componían y recitaban poemas, se descifraban acertijos y enigmas, se cantaba y se tocaba música profana."

Por lo que, sor Juana se encontraba entre sus dos mundos: el primero que le permitía cultivarse, conocer lo que se escribía, lo que al mismo tiempo acrecentaba sus conocimientos, y además, podía compartir su sabiduría con la gente de la corte del virreinato, durante esas tertulias que menciona Octavio Paz.

En sus versos, sor Juana va exponiendo imágenes utilizando palabras que en el uso cotidiano carecen de sentido tales como “engaño colorido”, “magisterio purpúreo” o en aquellos otros donde dice “sueño de los despiertos intricado”, “sombras necias”, “líquido humor”, esto es sólo una mínima muestra de la combinación que nos pareciera extraña, y en la voz de la poeta se convierten en verdades que se encontraban ocultas ante nuestros ojos, como lo dice ella misma “y solamente lo que toco veo”.

Al ir deleitándonos con el suave mecer de estos sonetos lo que es nombrado por la poeta se transforma lo imposible lo convierte en posible, lo inasible, lo podemos asir, lo innombrable, es nombrado, tenemos pues “mi corazón deshecho entre tus manos”, “bella ilusión por quien alegre muero”, “decrépito verdor imaginado”, “poner riquezas en mi entendimiento”, los juegos de palabras que son empleados por la poeta nos instalan ante una realidad distinta a la que conocemos, sentimos ese corazón deshecho entre esas manos, del que unos versos antes decía “pues ya en líquido humor viste y tocaste”, el sufrimiento es convertido en algo líquido, que se puede palpar, contrario a lo que en el mundo cotidiano significa sufrir, el sufrimiento no se puede tocar con las manos, pero al transfigurarlo en un corazón líquido, ya es posible entrar en contacto con él.

El juego de palabras empleado por sor Juana nos lleva a encontrarnos en un universo donde los opuestos conviven muy de cerca, tan cerca que conviven en el mismo verso “senectud lozana”, “sabe que estoy hacienda la deshecha”, “Amor empieza por desasosiego”.

Sor Juana nos transporta de un extremo de su mundo a otro, en algunos sonetos se nos informa que fueron escritos por encargo, dirigidos a personalidades de la época que fallecieron, algunos son dirigidos a gente conocida a la que alaba, algunos más fueron “encargos” que escribió felicitando, confesando amores o informando desdenes, algunos otros son reflexiones de su propia vida, acerca de la muerte, la vida, la vejez, estos tópicos que son tan comunes, que conforman cualquier conversación, pero que al ser tocados por la mano de la poeta se exclama “que es fortuna morirte siendo hermosa”, “Yo no estimo tesoros ni riquezas”, “sigan tu sombra en busca de tu día”.

Los sonetos de sor Juana Inés de la Cruz nos conducen por amplios caminos en los cuales vemos por doquier cómo las palabras cotidianas al fundirse lentamente al ritmo que imponen los endecasílabos, con su rima siempre perfecta, van surgiendo imágenes que de otro modo no serían posibles: sólo a través de la poesía se logran ver.

Soneto 152                                                            
Verde embeleso de la vida humana
loca Esperanza, frenesí dorado,
sueño de los despiertos intrincado,
como de sueños, de tesoros vana;

alma del mundo, senectud lozana,
decrépito verdor imaginado;
el hoy de los dichosos esperado
y de los desdichados el mañana:

sigan tu sombra en busca de tu día
los que, con verdes vidrios por anteojos,
todo lo ven pintado a su deseo;

que yo, más cuerda en la fortuna mía,
tengo en entrambas manos ambos ojos
y solamente lo que toco veo.

martes, marzo 08, 2011

Imaginando su muerte: Manuel Gutiérrez Nájera y Luis Cernuda

El poeta se basta con hacer poesía,
para existir; es la forma más pura de
realización de la esencia humana
María Zambrano

La muerte es un misterio ancestral, la cual ha sido abordada desde diferentes perspectivas: religiosa, filosófica, científica, literaria, etc. En un sentido general podríamos definirla como el término de la vida o el final de una existencia. Hay muchas causas que provocan la muerte (incluso se ha dicho que algunas personas están como “muertas en vida”), existen otras tantas formas de ocasionar la muerte, incluso ha sido el tema principal de innumerables obras, en incontables autores, entre los cuales podemos mencionar, sólo por citar algunos a William Shakespeare y Juan Rulfo.

A través del transcurso de los siglos se ha hablado, escrito, opinado, temido e incluso adorado (no olvidemos que existen grupos que tienen culto por la que denominan “santa muerte”); sin embargo, y para el beneplácito general han quedado algunos registros desde los albores de la humanidad. Ya los griegos incluían este tema en sus obras, en una perspectiva completamente diferente a como la vemos hoy en día.

En nuestro caso, nos detendremos en analizar algunas similitudes que encontramos en los poemas Para entonces (1887) del mexicano Manuel Gutiérrez Nájera (1859-1895); y en el poema V de Donde habite el olvido (1932-1933) del español Luis Cernuda (1904-1963). Aunque nos enfocaremos en una exploración más detenida en el poema del escritor mexicano.

Manuel Gutiérrez Nájera es considerado el precursor del modernismo en la literatura en Hispanoamérica, sólo que hasta después de su muerte fue recopilada su obra y reconocidos sus aportes. Por su parte, Luis Cernuda nació en Sevilla, España, y fue un integrante de lo que se denomina la “Generación del ‘27”; la cual estuvo compuesta de excelentes poetas entre los que destacaron Federico García Lorca y Vicente Aleixandre, quienes retomaron algunas de las ideas del romanticismo de Bécquer en medio de la división política de su país y crearon algunos de los más bellos poemas en la lengua española.

En Gutiérrez Nájera y Cernuda la voz poética imagina la manera en que les gustaría que llegara su muerte. Más allá de que ambos poemas están compuestos de cuatro estrofas con cuatro versos cada una, (en el caso de Cernuda tenemos que la última estrofa tiene cinco versos), se puede observar que ambos inician sus poemas con el verbo querer en primera persona de presente de indicativo: Quiero.

Como un dato interesante, se sabe que ambos poetas tuvieron en alguna parte de sus existencias la influencia o, mejor dicho, leyeron la obra de Gustavo Adolfo Bécquer (1836-1870, España), a quien se considera uno de  los exponentes fundamentales del romanticismo en la lengua española, quien escribió en su poema LXIX:
Al brillar un relámpago nacemos,
y aun dura su fragor cuando morimos,
            ¡Tan corto es el vivir!

La gloria y el amor tras que corremos
sombras de un sueño son que perseguimos
            ¡Despertar es morir!

En este pequeño poema se habla de lo poco que dura la vida humana, la cual es comparada con la duración de un relámpago, y en ese lapso tan corto de tiempo corremos tras la gloria y el amor, que son vistos como sombras de un sueño. La palabra sueño es recurrente en estos tres autores cuando hablan de morir. En ellos morir es como dormir.

Los 16 versos que conforman el poema Para entonces son endecasílabos, además poseen una rima consonante, por su parte Cernuda utiliza el verso libre.

En el poema Para entonces Gutiérrez Nájera escribe:
QUIERO MORIR cuando decline el día,
en alta mar y con la cara al cielo;
donde parezca sueño la agonía,
y el alma, un ave que remonta el vuelo.

En esta primer estrofa el poeta manifiesta que le gustaría terminar sus días al atardecer, en el mar y en una posición que le haga parecer que está durmiendo, por el contrario el poeta español escribe en el V:
Quiero, con afán soñoliento,
Gozar de la muerte más leve
Entre bosques y mares de escarcha,
Hecho aire que pasa y no sabe.

Aquí la voz poética desea disfrutar de su muerte, al igual que el poeta mexicano quiere que cuando eso ocurra sea tan despacio y lentamente para no sentirla.

En la estrofa de Gutiérrez Nájera se “siente” una suavidad en el movimiento implícito que genera la evocación de las olas del mar, porque al estar en “alta mar con la cara al cielo”, nos encontramos ante un hombre acostado sobre el agua, flotando... como descansado el cuerpo sobre el agua. En la primer estrofa de Cernuda el movimiento se presenta en el aire, en los bosques, como algo etéreo.

En el último verso de esta primera estrofa encontramos una alusión religiosa justo del momento en que fallecería, sólo que en el poema de Gutiérrez Nájera dice “y el alma, un ave que remonta el vuelo”, por su parte, Cernuda expresa la misma idea, sólo que sin la connotación religiosa, al decir “hecho aire que pasa y no sabe”[.

         Aunque la idea de suicidio ronda en ambos poetas, el autor mexicano prefiere que ocurra durante su juventud: “Morir, y joven”, cabe mencionar que falleció a la temprana edad de 36 años. El poeta español desearía que fuera por sus manos, “mientras siento las venas que se enfrían”, lo que nos refiere a desangrarse.

         A lo largo del poema del escritor mexicano encontramos alusiones a la naturaleza, el uso de la metáfora comparando el momento del último suspiro con el sol cuando se pierde en el horizonte marino es muy bello:
Y ser como ese sol que lento expira:
Algo muy luminoso que se pierde.

         El ímpetu inicial en Para entonces, poco a poco va cediendo, cuando comienza a expresar cómo serían sus instantes finales las pausas imprimen un tono dramático, por ejemplo, con el juego en los diferentes usos fonéticos de la letra “r” en el verso “sus áureas redes de la onda verde", al referirse al momento en que la luz va desapareciendo de la superficie del mar, otro caso es el empleo de las comas, las cuales al separar al sustantivo de su adjetivo y verbo crean un arrastre que provocan cierta nostalgia: “Morir cuando la luz, triste, retira”.

PARA ENTONCES
V
          QUIERO MORIR cuando decline el día,
             en alta mar y con la cara al cielo;
             donde parezca sueño la agonía,
             y el alma, un ave que remonta el vuelo.
  
b        No escuchar en los últimos instantes,
               ya con el cielo y con el mar a solas,
             más voces ni plegarias sollozantes
            que el majestuoso tumbo de las olas.

         Morir cuando la luz, triste, retira
         sus áureas redes de la onda verde,
         y ser como ese sol que lento expira:
         algo muy luminoso que se pierde.

         Morir, y joven: antes que destruya
         el tiempo aleve la gentil corona;
         cuando la vida dice aún: soy tuya
         aunque sepamos bien que nos traiciona!
1887
Quiero, con afán soñoliento,
Gozar de la muerte más leve
Entre bosques y mares de escarcha,
Hecho aire que pasa y no sabe.

Quiero la muerte entre mis manos,
Fruto tan ceniciento y rápido,
Igual al cuerno frágil
De la luz cuando nace en el invierno.

Quiero beber al fin su lejana amargura;
Quiero escuchar su sueño con rumor de arpa
Mientras siento que las venas que se enfrían,
Porque la frialdad tan sólo me consuela.

Voy a morir de un deseo,
Si un deseo sutil vale la muerte;
A vivir sin mí mismo de un deseo,
Sin despertar, sin acordarme,
Allá en la luna perdido entre su frío.

domingo, marzo 06, 2011

Octavio Paz: erotismo gramático

El erotismo es la dimensión humana

de la sexualidad, aquello que la

imaginación añade a la naturaleza

Octavio Paz (México, 1914-1998), Premio Cervantes 1981 y Premio Nóbel de Literatura 1990, en su vasta obra comparte en sus múltiples ensayos y poemas sus reflexiones acerca de muy diversos temas. En El mono gramático nos lleva a recorrer el camino de Galta, que él mismo recorriera en alguno de sus viajes a la India, sólo que en esta ocasión, a través de su voz poética se nos presenta como una serie de explosiones visuales que expone a través de un erotismo gramático.

Pareciera que vamos caminando a su lado, él se convierte en nuestro guía, nos comparte su asombro por lo que va contemplando, cómo lo visualiza y nos lleva a disfrutar del exótico paisaje que nos va deslumbrando, sorprendiéndonos a cada paso, perdiéndonos entre esa maleza que ya nos rodea:

"Cuando caminaba por el sendero de Galta, ya lejos de la carretera, una vez pasado el paraje de los banianos y los charcos de agua podrida, traspuesto el Portal en ruinas, al penetrar en la plazuela rodeada de casas desmoronadas, precisamente al comenzar la caminata, tampoco sabía adónde iba ni me preocupaba saberlo."

Este es el inicio de un largo y sinuoso camino que vamos conociendo de la mano de una de las mejores plumas que ha tenido nuestro país; la voz poética de Paz en este libro se atreve a alterar las “reglas” de la poesía al escribir un poema en forma de prosa o al escribir en prosa un texto poético.

Al primer contacto con el texto pareciera un montón de palabras que salieron de la mente del poeta y fueron escritas sin ton ni son, “se sienten” como una explosión de imágenes que van sucediéndose sin orden aparente; pero no es así, en ese aparente desorden se va formando un engranaje perfecto en el que la voz de Paz resuena jugando con las palabras que nos recrean, como tomas fotográficas en un libro de historia universal, sin embargo, en este texto poseen algo más, lo que sólo la poesía puede otorgar y que nos deslumbran porque poseen eso mismo que señalara el propio Octavio Paz en “La llama doble”: La poesía nos hace tocar lo impalpable y escuchar la marea del silencio cubriendo un paisaje devastado por el insomnio.

Ante un paisaje tan inmenso nos ubicamos, son tan impresionantes sus definiciones que casi se pudiera decir que podemos palpar, oler y escuchar esas:

"Manchas: malezas. Rodeado, preso entre líneas, los lazos y trazos de las lianas. El ojo perdido en la profusión de sendas que se cruzan en todos sentidos entre árboles y follajes. Malezas: hilos que se enredan, madejas de enigmas. Enramadas verdi-negras, matorrales ígneos o flavos, macizos trémulos: la vegetación asume una apariencia irreal, casi incorpórea, como si fuese una mera configuración de sombras y luces sobre un muro. Pero es impenetrable."

Los “hilos que se enredan”, “las sombras y luces” que son “impenetrables” forman un conjunto que llama “enramada”, pero al ser descritas con esta sensualidad tan pura, pareciera que las palabras que elige la voz poética en Paz van destejiendo, muy suavemente, como si realizara una traducción de aquello que tiene al ojo encantado. En otro momento en La llama doble señala que: “la poesía traza un puente entre el ver y el creer. Por ese puente la imaginación cobra cuerpo y los cuerpos se vuelven imágenes” . Las imágenes que se van formando, inevitablemente se encuentran cargadas de un erotismo implícito en el lenguaje, el mismo Paz nos dice que “La relación entre erotismo y poesía es tal que puede decirse, sin afectación, que el primero es una poética corporal y que la segunda es una erótica verbal” , así lo expresa el poeta, más adelante continúa diciendo que “la poesía erotiza al lenguaje y al mundo porque ella misma, en su modo de operación, es ya erotismo” . Ese erotismo que se encuentra en su forma más pura en el acto sexual del ser humano, también lo podemos “sentir” al mirar a través de sus ojos la exuberancia del paisaje que deslumbra en esas palabras tan cargadas de sensualidad, poseyendo una suavidad exclusiva de eso que está viendo:

"no es el árbol que digo que veo sino la sensación que siento al sentir que lo veo en el momento en que voy a decir que lo veo, una congregación insubstancial pero real de vibraciones de sonidos y sentidos que al combinarse dibujan una configuración de una presencia verde-bronceada-negra-leñosa-hojosa-sonoro-silenciosa."

Ezra Pound indica que una “imagen” presenta un complejo intelectual y emotivo en un instante temporal, por lo que pensamos que pueden ser toda una serie de emociones vividas en un momento determinado, que a través de una voz poética que logre plasmarlas en un papel logran eternizarse, y al compartirse, emocionan a aquellos que lo lean. Ese pequeño instante se convierte en frases, párrafos e incluso libros como El mono gramático el cual nos va sensibilizando con el manejo de frases, algunas ocasiones cortas, en otras largas que son utilizadas de tal manera que otorgan un cierto ritmo y cadencia a la lectura, que asemeja en ocasiones cadencias de un acto sexual, ese encuentro en que se funden dos cuerpos por instantes que parecen eternos.

Las imágenes se van sucediendo como una vigorosa catarata sin fin, provocan que cada objeto o paisaje observado sea una “cosa única”, cuya presencia va sobresaliendo entre todas las demás; en un texto de Víctor Shklovski (Rusia, 1893-1984) menciona que:

"la imagen no es un predicado constante para sujetos variables. Su finalidad no es la de acercar a nuestra comprensión la significación que ella contiene, sino la de crear una percepción particular del objeto, para crear su visión y no su reconocimiento. El arte erótico nos permite la mejor observación de las funciones de la imagen. El objeto erótico se presenta frecuentemente como una cosa jamás vista."

Ya hemos señalado que nos parece erótico el lenguaje que emplea la voz poética de Paz, sin embargo, en nuestros tiempos al erotismo se le llega a reducir a sólo sexo, al menos, considero que no es sólo sexo. Es algo más, mucho más. El filósofo griego Platón en el diálogo de “Symposio o el banquete” discurre sobre Eros, el dios del que proviene la palabra erotismo: “Eros es un poeta tan entendido que convierte en poeta al que quiere; y esto sucede aun cuando sea uno extraño a las Musas” , Patrick Süskind en su libro Sobre el amor y la muerte resalta el hecho de que en ese mismo diálogo de Platón, uno de los participantes, el médico Eryximacos considera que el dios Eros es “un principio armonizador fundamental, por decirlo así, una constante física que trae orden al mundo”.

Un mundo que cada vez va perdiendo la sensibilidad de verse, de tocarse, de sentirse, pero a pesar de eso, aún quedan algunos huecos en los que todavía se conserva la esperanza, como lo señala María Zambrano: “La poesía es encuentro, don, hallazgo por gracia” , en poetas como Octavio Paz, los cuales realizan hallazgos que logra transmitir en una forma inusual, convirtiéndolos en algo más elevado, como ya lo mencionamos, la poesía erotiza al lenguaje, y una vez erotizado, nos dice algo más de lo que nombra, en el caso de Paz, como lo indica el Dr. José Javier Villarreal :

"La producción poética de Paz brinda al lector y al escucha un registro amplísimo de lo que ha venido a ser la expresión lírica no sólo en Occidente, sino también en Oriente. Su diálogo lo ha llevado a enfrentarse a obras de todos los tiempos"

En El mono gramático, como en otros tantos libros de Octavio Paz, nos comparte sus hallazgos, sus visiones del mundo, su forma de entender y comprender lo que acontece a su alrededor, a la vez que, como el gran poeta que es, experimenta, se atreve a realizar con el lenguaje esfuerzos que nos llevan a recorrer tras él esos caminos repletos de maleza, sin embargo, sus lectores tenemos una ventaja, el poeta es el guía que nos muestra sus descubrimientos, con frases que fueron construidas después de un largo proceso.

Nosotros, sus lectores, disfrutamos sus descubrimientos, paladeando cada una de sus palabras, que en el caso de este libro, se encuentra tan lleno de olores verdes.

jueves, marzo 03, 2011

Aire, agua, fuego y tierra en la poesía de Ramón López Velarde

Toca al poeta nombrar esa energía,
aislarla y concentrarla en el poema[1]
En el mundo de la astrología los signos zodiacales se encuentran divididos en 4 elementos: aire, agua, fuego y tierra, los cuales, según estas creencias son determinantes en el desarrollo de la personalidad de los individuos. Más allá de la posible veracidad de todo este entramado astral y sus implicaciones en la vida de los seres humanos, sí se puede afirmar que a algunos de nosotros nos ha fascinado las concepciones astrológicas, tanto que en ocasiones, por cualquiera que sea la causa, leemos nuestro horóscopo, tenemos curiosidad por saber qué dice nuestra carta astral, entre otras series de indagaciones que podemos realizar a efecto de estar enterados sobre lo que los astros desean hacer con nuestras vidas.
En algunas obras poéticas también podemos encontrar algunos rasgos de esta fascinación – o curiosidad tal vez - , en la poesía del autor mexicano Ramón López Velarde (1888-1921), además de que sus poemas se encuentran inundados de un aire de fatídica melancolía, los cuales van siendo recreados al compás de una desesperanza que los impregna de una fuerza interior única, también encontramos estos elementos del mundo zodiacal.
En el ensayo “El camino de la pasión”, en el cual Octavio Paz habla sobre la obra poética de López Velarde expresa que:
Proclamar que el mundo es mágico quiere decir que los objetos y los seres están animados y que una misma energía mueve al hombre y a las cosas. Toca al poeta nombrar esa energía, aislarla y concentrarla en el poema.
En los poemas de López Velarde nos encontramos con los elementos en pleno movimiento, el agua se presenta como una lluvia constante; el aire tristemente dispersa las penas de la voz poética; el fuego palpita en diversas formas, mayormente con alegorías al mundo católico y la tierra es Jerez, el lugar donde nació el poeta en el estado de Zacatecas, México. En sus Primeras poesías (1905-1912) se vislumbra cierta inocencia o candor juvenil, impregnados de una resignada melancolía, pero insertos en un mundo alejado de las grandes ciudades, encontramos a sus amores que son siempre inaccesibles.
Los versos de estos primeros años le cantan, en su mayoría, a la mujer imposible, nos cuentan esa resignación que acepta lo que no puede cambiar, como lo dice en “Huérfano quedará...”
HUÉRFANO quedará mi corazón,
alma del alma, si te vas por ahí,
y para siempre lloraré por ti
enfermo de amorosa consunción
En esta pequeña estrofa se puede observar esa tristeza que encontramos a lo largo de la obra de López Velarde, lo cual logra con el uso de sustantivos, adjetivos y adverbios siempre apesadumbrados, sombríos, ya que, el zacatecano se encarga de acompañar a cada sustantivo con uno o varios adjetivos que van reforzando los sentimientos de cierta impotencia y resignación frente al amor que no se puede concretar.

El aire

Un viento frío y lóbrego recorre cada espacio en las atmósferas creadas en los versos de López Velarde; a este respecto, María Zambrano escribió cuando habla sobre la creación de los poetas dice que “De allí, que hable de divinidades misteriosas, de musas, que le poseen, de fuerzas que habitan en su interior como en cercado propio", y este mundo interior va envolviéndonos con ese aire frío, fúnebre que llena todos los espacios.
En los 4 libros de poemas que se conservan del autor zacatecano que llevan por nombres “Primeras poesías” (1905-1912), “La sangre devota” (1916), “Zozobra” (1919) y “El son del corazón” la evolución en el tratamiento de los elementos va cambiando, primero el aire sólo figura como un medio a través del cual se van dispersando sus sufrimientos o va divulgando su pesar, como en el poema “Suiza”: y en los aires se dispersan/de los pájaros los trinos.
En su segundo libro el aire se torna un vehículo para propagar el olor de las flores: “Esparcirán sus olores/las pudibundas violetas”, en los poemas de este libro, las imágenes que utiliza son mucho más completas, con una extraña contradicción, se sienten más frescas, pero a la vez siguen siendo tristes.
La realidad experimentada en la lectura de sus poemas en el libro “Zozobra”, precisamente en eso se convierte en una zozobra, una atmósfera cada vez más densa, pesada; los versos se van haciendo más extensos, la voz poética canta:
y te respiro como a un ambiente
frutal; como en la fiesta
del Corpus respiraba hasta embriagarme
la fruta del mercado de mi tierra.

El agua

En términos generales, podemos decir que los poemas de López Velarde son “húmedos”, en la mayoría de ellos la presencia del agua es una constante que se va extendiendo, aunque como observamos con el tratamiento del aire, va evolucionando con el paso de los años.
En sus primeros versos el agua aparece en las lágrimas, en ríos, a la tierra la convierte en fango, en los libros que siguieron el agua se convierte en sangre, y en ocasiones se encuentra en el fondo de “El viejo pozo” donde se reflejan sus recuerdos de la infancia, el agua va en un río que no tiene retorno, como los actos en su vida.
A través del uso de palabras acuáticas vamos “flotando”, conociendo el mundo neblinoso en el que vive, como podemos observar “En las tinieblas húmedas...”:
He aquí que en la impensada tiniebla de la muda
ciudad, eres un lampo ante las fauces lóbregas
de mi apetito; he aquí que en la húmeda tiniebla
de la lluvia, trasciendes a candor como un lino
recién lavado, y hueles, como él, a cosa casta;
he aquí que entre las sombras regando estás la esencia
del pañolín de lágrimas de alguna buena novia.

La voz poética se encuentra “inundada”, sus sufrimientos y desazones pueblan su mundo en el cual todo es como la lluvia que la merodea por doquier: “Fuera de mí, la lluvia, dentro de mí, el clamor”, este clamor se expresa con adjetivos siempre tristes, que califican una vida considerada nefasta, tan insatisfecha que, cuando retorna a su hogar:
HE VUELTO a media noche a mi casa, y un canto
como vena de agua que solloza, me acoge...

El fuego

El universo poético de Ramón López Velarde está repleto de alusiones religiosas, entre las cuales se va hilando los recuerdos en un encuentro con el mundo del seminario en el que vivió durante su infancia y parte de su juventud. Aunque pudiera considerarse como exagerado su fervor religioso, curiosamente en los últimos poemas que escribiera comienza a introducir elementos de la religión de Mahoma con ciertas menciones de la cultura de la India. De las diversas alusiones a los elementos que conforman el catolicismo se va conformando el contrario de la figura del fuego eterno de Dios.
El fuego en los poemas de López Velarde en sus primeros creaciones se menciona en los astros, como canta la voz del poeta:
Estrella y azahar: que te marchites
mecida en una paz celibataria
y que agonices como un lucero
que se extinguiese en el verdor de un prado
o como flor que se transfigurase
en el ocaso azul, como en un lecho.
El cauce de la fogosidad en el poeta zacatecano no es erótico, su fuego se extingue o se encuentra a punto de hacerlo. Su fuego no es la llama que ilumina su pasión, por el contrario, está a punto de acabarse. Los otros “fuegos” se encuentran distantes, son esas estrellas que conforman el zodíaco, que están tan lejanos como las mujeres en sus poemas. En el poema “A la traición de una hermosa” expresa:
y en tus ojos, con lumbre sobrehumana,
brillan las tres virtudes teologales
Este fuego en contadas ocasiones puede llegar a ser santo, en el poema “Pureza” exclama que: te consagro la sublime floración de mi cariño/porque brillas con fulgores de divina refulgencia, pero ese brillo solamente lo contempla, no está a su alcance.
La tierra
La tierra de López Velarde es Jerez, Zacatecas, el lugar donde nació y donde vivió hasta su juventud. Su tierra natal es “colorada” y en ella transcurrieron sus primeros amores y desamores, sin embargo, lejos de un amor que se desborde de felicidad por esa tierra en la que nació, la recrea en sus poemas como un lugar ideal, sí, pero triste, será el lugar al que le gustaría ir a morir, pero del que se convierte en el escenario donde ocurren sus tragedias y es el testigo mudo de sus incontables penas.
Hay algunos poemas que le dedica a sus paisanos a los que todavía viven en Jerez, tenemos “Jerezanas...” y “Del suelo nativo”, sólo por citar un par de ejemplos, además también dedica otro poema a “La bizarra capital de mi estado”, en los cuales nos presenta su visión de los lugares donde creció y que también están desprovistos de imágenes alegres, nos narran lo pintoresco del paisaje desde una perspectiva sin esperanza, con un toque de triste nostalgia, como en “El retorno maléfico”:
MEJOR será no regresar al pueblo,
Al edén subvertido que se calla
En la mutilación de la metralla.
En “Tierra mojada...” se realiza la fusión del mundo acuático en el que va nadando la voz poética con la tierra que añora el poeta:
Tarde mojada, de hálitos labriegos,
en la cual reconozco estar hecho de barro,
porque en sus llantos veraniegos,
bajo el auspicio de la media luz,
el alma se licua sobre los clavos
de su cruz...
En esta estrofa se puede apreciar el sincretismo del mundo que rodea al poeta, encontramos todos los elementos que conforman su logos poético: el agua, (tarde mojada, llantos veraniegos), el aire (hálitos labriegos), el fuego (media luz) y la tierra como la base que se conjuga con los demás elementos obsequiándonos una imagen perfecta de toda su tristeza e infelicidad.



[1] Octavio Paz. Cuadrivio, p. 82.

sábado, febrero 19, 2011

¿Qué es el amor?

Una vez que se ha quedado atrás el día más melcochoso del año... el día en que se "celebra" al amor y a la amistad, que ya ha dejado de ser un gusto, por ser una imposición más de este sistema que nos impulsa a un consumismo que llega a un punto obsceno, de hacernos comprar por comprar, lo sientas o no, pero es la obligación de que ese día andemos derrochando chocolates, empalagos y demás por doquier.

No tuve oportunidad de publicar esta entrada en su momento, pero bueno, ahí va, les comparto unas citas del libro de La llama doble, Octavio Paz, en esta obra nos habla del amor y del erotismo, lo que considera que es la llama doble de la vida, dice Paz que "Para mí la poesía y el pensamiento son un sistema de vasos comunicantes. La fuente de ambos es mi vida: escribo sobre lo que he vivido y vivo. Vivir es también pensar y, a veces, atravesar esa frontera en la que sentir y pensar se funden: la poesía", considero que muchos de nosotros podemos coincidir con Paz, uno escribe sobre lo que vive, sin embargo, en este libro Paz va mucho más allá, nos presenta la historia del amor, del amor como creación de la sociedad que busca tener equilibrados los sentimientos humanos.

Paz parte de la comparación de la relación de la poesía con el lenguaje para explicar lo que es el erotismo y el amor, dice: "Fusión de ver y creer. En la conjunción de estas dos palabras está el secreto de la poesía y el de sus testimonios: aquello que nos muestra el poema no lo vemos con nuestros ojos de carne sino con los del espíritu. La poesía nos hace tocar lo impalpable y escuchar la marea del silencio cubriendo un paisaje devastado por el insomnio. El testimonio poético nos revela otro mundo dentro de este mundo, el mundo otro que es este mundo. Los sentidos, sin perder sus poderes, se convierten en servidores de la imaginación y nos hacen oír lo inaudito y ver lo imperceptible." Sigue Paz: "la poesía erotiza al lenguaje y al mundo porque ella misma, en su modo de operación es ya erotismo". De ahí parte Paz y continúa "La relación de la poesía con el lenguaje es semejante a la del erotismo con la sexualidad". En el amor, visto como lo han vendido en fechas recientes es eso mismo: la fusión de ver y de creer, ves alguien que te gusta y ya crees que le amas. Sin embargo, olvidamos que tal como la poesía, el amor nos debe hacer tocar lo impalpable, el amor que sentimos debería revelarnos otro mundo dentro de este mundo, pero ya sería entonces "nuestro mundo" el de tu amor y tuyo.

Paz comienza a adentrarse en un universo creado por el sexo, el erotismo y amor, a los que ve "como aspectos del mismo fenómeno, manifestaciones de lo que llamamos vida", sí, Paz con la magia de su pluma logra abrirnos un puente de la poesía hasta el amor, que va de la mano con el sexo y el erotismo. El erotismo según Paz es exclusivamente humano: lo ve como sexualidad socializada y transfigurada por la imaginación y la voluntad de los hombres. El erotismo es invención, variación incesante; el sexo es siempre el mismo. Para Paz, el protagonista del acto erótico es el sexo, el que existe gracias a la imaginación. De ahí una de las frases que más me han gustado de Paz: "Si el hombre es un ser ondulante, el mar en donde se mece está movido por las olas caprichosas del erotismo".

Pero después de pasearnos por mundos llenos de erotismo Paz aterriza: "Uno de los fines del erotismo es domar al sexo e insertarlo en la sociedad". Zas, en todas las sociedades hay un conjunto de prohibiciones y tabúes destinados a regular y controlar al instinto sexual. Esas reglas sirven al mismo tiempo a la sociedad (cultura) y a la reproducción (naturaleza). Sin esas reglas la familia se desintegraría y con ella la sociedad entera. Y sí, tristemente así es, vivimos en una sociedad regida por reglas, las cuales pretenden regular nuestros instintos básicos, con la firme intención de indicarnos cómo comportarnos, qué hacer, qué es lo bueno, qué es lo malo...

He ahí el misterio develado, he ahí el por qué de tanta explosión comercial, un día al año "debemos" mostrar nuestros sentimientos al máximo, los otros 364 días, consume otras cosas, compra otras... pero ese día es el dedicado al amor....

En otros posts ahondaré más en este libro de Paz que es uno de mis preferidos.

miércoles, febrero 09, 2011

El agua como espejo: el juego de reflejos en Muerte sin fin de José Gorostiza

La poesía, al penetrar en la palabra, la
descompone, la abre como un capullo
a todos los matices de la significación
José Gorostiza (1901-1973) en su poema Muerte sin fin (1939) va construyendo un entramado –en principio confuso- en su mayoría con versos endecasílabos el cual es narrado desde un yo lírico quien desde el inicio exclama:
LLENO de mí, sitiado en mi epidermis
por un dios inasible que me ahoga
Este es el comienzo de un tortuoso camino para el lector, que poco a poco descubrirá que con un vocabulario sencillo se van construyendo una serie de complejas imágenes que lo van a envolver lentamente en un mundo acuático:
Lleno de mí –ahito- me descubro
en la imagen atónita del agua
En el primer reflejo que se avizora en este poema, la voz poética del autor mexicano se descubre a sí misma en su propio reflejo en el agua, pero ya desde aquí y hasta el final del poema, comenzamos a “sentir” que esa humedad nos acompañará en todo el recorrido. La voz poética en este primer acercamiento nos describe al agua en movimiento:
Que tan sólo es un tumbo inmarcesible,
Un desplome de ángeles caídos
A la delicia intacta de su peso,
Sin embargo, aún no lo sabemos, pero no estamos ante agua en libertad, como lo sería el mar o el agua producto de la lluvia lo que le interesa mostrarnos, no, lo que sorprende a la voz poética es lo que le va dando forma a esa agua:
Por el rigor del vaso que la aclara,
el agua toma forma
Este es su descubrimiento, sabemos que el agua existe en múltiples presentaciones (vapor, hielo, líquido), pero lo sorprendente en este caso en particular, además del agua en sí, es el envase en el que se encuentra. Esa agua en movimiento se está vaciando en un vaso. María Zambrano en Filosofía y poesía dice que “el poeta, en su poema crea una unidad con la palabra, esas palabras que tratan de apresar lo más tenue, lo más alado, lo más distinto de cada cosa, de cada instante”, en José Gorostiza la voz poética se detuvo a contemplar un vaso de agua desde el momento en que es llenado, por lo que presenta su vaso de agua, el que es ya distinto de cualquier vaso y el agua en ese vaso:
En él asienta, ahonda y edifica,
cumple una edad amarga de silencios
[...]
en la red de cristal que la estrangula,
allí como en el agua de un espejo,
se reconoce;
atada allí, gota con gota
En su libro El agua y los sueños Gastón Bachelard dice que “La imaginación inventa algo más que cosas y dramas, inventa la vida nueva, inventa el espíritu nuevo; abre ojos que tienen nuevos tipos de visión”, en este poema, el agua habita ese vaso atada gota con gota, es en esta apertura, lo que hace que la voz poética de Gorostiza nos muestre una faceta diferente que “descubre” otra realidad del agua en un vaso, desde esta dimensión exploramos un análisis con elementos religiosos y en ocasiones hasta filosóficos. En algún momento del poema se realiza una comparación de la relación de Dios con el hombre, comparándolo con su vaso:
aunque se llama Dios,
no sea sino un vaso
que nos amolda el alma perdidiza,
Y aquí es donde vemos que arranca el juego donde quedamos ya inmiscuidos directamente en estas reflexiones; si al comienzo decíamos que era un yo el que narraba, ahora esa misma voz dice “nos amolda”, por lo que de pronto ya compartimos su “escenario”, pero ¿a quiénes amolda? creemos que a la voz que canta y al lector. Desde este momento y en adelante el poema utiliza frecuentemente ese pronombre, ya no podemos salir, casi sin percibirlo a través de ese “nos” ya somos parte de ese universo que se encuentra inmerso y a la vez contempla cómo emergen de un vaso de agua ideas que se van dispersando en distintos rumbos, lo que le otorga cierta independencia y nos ata a él por que:
Es un vaso de tiempo que nos iza
en sus azules botareles de aire
y nos pone su máscara grandiosa,
ay, tan perfecta,
que no difiere un rasgo de nosotros
Ya somos “nosotros”, los que caímos en un juego de espejos, estos espejos que tal vez reflejan nuestras ideas religiosas sobre Dios y sobre la situación del hombre ante Él, vemos:
Como un espejo del revés, opaco,
que al consultar la hondura de la imagen
le arrancara otro espejo por respuesta.
Mirad con qué pueril austeridad graciosa
distribuye los mundos en el caos,
los echa a andar acordes como autómatas
El vaso de agua se ha convertido ya en nuestro espejo y nos encontramos enfrente de él, y ese espejo a su vez nos refleja otra realidad, la que se desarrolla dentro del vaso de agua, vamos de reflejo en reflejo, pero ese reflejo no es el mismo para todos. Bachelard señala que “Imágenes tan grandes marcan para siempre el inconsciente que gusta de ellas y suscitan ensoñaciones sin fin”. Ante estas ensoñaciones nos enfrentamos, que se han convertido ya en nuestras, tan infinitas como el reflejo de un espejo en otro espejo, las cuales resultan de contemplarnos en ese vaso de agua, que nos devuelve nuestra propia imagen, sólo que ya transfigurada por otras vivencias.
Bachelard apunta además que “El agua hincha los gérmenes y hace surgir las fuentes. El agua es una materia que por todas partes vemos nacer y crecer”, sin embargo en Gorostiza, el agua está contenida en un vaso de agua, en este caso, los gérmenes que manan de él son los reflejos de nuestra existencia, al estar inmersos dentro de ese vaso bajo el agua ahí contenida, descubrimos que:
Mas nada ocurre, no, sólo este sueño
desorbitado
que se mira a sí mismo en plena marcha
En este vaso contemplamos una “muerte sin fin de una obstinada muerte”, en donde estamos frente a frente con nuestra realidad humana: la de una muerte inminente, que puede ocurrir en cualquier momento, lo cual provoca que la voz poética exclame:
¡oh inteligencia, soledad en llamas!
que lo consume todo hasta el silencio
Esta misma inteligencia (descubrimiento de la irremediable condición humana) en unos versos más adelante se transforma en: “¡oh inteligencia, páramo de espejos!”, al quedar expuesta ya por la voz poética de Gorostiza, la inteligencia se ha convertido en un lugar frío y desamparado lleno de espejos los cuales nos van mostrando sus crueles realidades.
Muerte sin fin es un poema muy extenso, en ocasiones agotante, que a pesar de su longitud y contundencia logra mantener una firme línea conductora; María Zambrano señala que “la unidad y la gracia que el poeta halla como fuente milagrosa en su camino, son regaladas, descubiertas de pronto y del todo, sin rutas preparatorias, sin pasos ni rodeos", en Gorostiza tenemos que esta unidad se logra gracias a los versos que va repitiendo a todo lo largo del poema, las mismas imágenes, las retoma en otro momento y las amplía, como el constante vaivén de las olas del mar, en un punto comienza con una imagen que va creciendo en el transcurso de los versos que la siguen, luego desciende, más adelante la retoma y vuelve a hacerla crecer, sólo que con otro sentido, cambiando un poco el imaginario, posteriormente desciende, y así sucesivamente.
Hay palabras que utiliza con frecuencia, por citar algunos ejemplos: rosa, azul, transparencia, por supuesto, vaso, agua, cristal, reflejo, espejo, muerte, vida, Dios, etc., como lo manifiesta Bachelard “la mano trabajadora e imperiosa aprende la dinamogenia esencial de lo real al trabajar una materia que a la vez resiste y cede como una carne amante y rebelde”. Las palabras encuentran en la mano de Gorostiza un poder que les permite ir penetrando todo lentamente; las palabras de todos los días después de ser tocadas por su voz poética son como esas gotas de agua que de una en una pueden llenar un vaso, estando ya todas juntas, el poeta al descubrirlas las distingue, se convierten en algo más que la descripción de un vaso de agua, son ahora un espejo, un espejo de palabras en el que nos podemos ver y al vernos, nos obliga a reflexionar sobre nuestra propia existencia.



La dinamogenia es el conjunto de movimientos motores, libres y enérgicos que manifiestan actividad, vida iniciativa y optimismo, consultado en http://www.grafoanalisis.com/nocion_inhibicion_dinamogenia.htm.
 

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